SIGNIFY: Liberar negavatios en carreteras, calles y edificios públicos
La iluminación LED conectada se ha consolidado como una infraestructura clave para impulsar ecosistemas urbanos más eficientes y avanzar hacia el desarrollo de ciudades inteligentes.
Aunque las ciudades ocupan únicamente alrededor del 2% de la superficie terrestre, concentran cerca del 75% del consumo energético mundial y generan más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Con el crecimiento constante de las áreas urbanas, aumenta también la necesidad de transformarlas en entornos más sostenibles, eficientes y habitables.
La iluminación urbana como palanca de eficiencia energética
La iluminación está presente en todos los ámbitos de la ciudad: carreteras, espacios exteriores y edificios públicos. Si bien el consumo individual de una luminaria puede parecer reducido, el impacto agregado en una ciudad completa es considerable, especialmente cuando todavía se utilizan sistemas de iluminación tradicionales y poco eficientes.
La sustitución de tecnologías obsoletas por sistemas de iluminación LED conectados abre la puerta a liberar los llamados negavatios, es decir, el ahorro energético derivado de una mayor eficiencia. Modernizar la iluminación urbana es, además, una de las medidas más rápidas y menos disruptivas para apoyar la acción climática, reforzar la seguridad energética y preparar el terreno para futuras renovaciones vinculadas a las smart cities.
Por qué el alumbrado público es clave para la acción climática
El alumbrado público representa aproximadamente el 1% de la demanda eléctrica mundial y hasta un 25% del consumo eléctrico municipal. Mantener infraestructuras de iluminación anticuadas no solo incrementa las emisiones de carbono, sino que también supone una carga innecesaria para los presupuestos energéticos de las administraciones públicas.
La solución pasa por implantar iluminación LED eficiente y conectada. La tecnología LED permite ya ahorros de hasta el 50% frente a soluciones convencionales. Si a esto se añaden controles inteligentes —como sensores de movimiento, regulación automática o gestión remota—, el ahorro energético puede alcanzar hasta el 80%.
En una ciudad de 1,5 millones de habitantes, esta actualización puede traducirse en un ahorro anual de 80 GWh en alumbrado exterior, 140 GWh en edificios públicos y la reducción de 51 toneladas de emisiones de CO₂. Un impacto equivalente a retirar de la circulación miles de vehículos de combustión.
Políticas públicas y avances a nivel internacional
La renovación de la iluminación, tanto interior como exterior, ya forma parte de las estrategias de modernización de infraestructuras en distintas regiones. En Europa, la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios obliga a los Estados miembros a renovar cada año el 3% de los edificios públicos. Iniciativas como el programa de modernización del alumbrado exterior en Bulgaria, dotado con 76 millones de euros a través del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, son un ejemplo de esta tendencia.
Tal y como señala Mario Giordano, Global Head of Public and Government Affairs en Signify:
"Los gobiernos y las ciudades son cada vez más conscientes del papel fundamental que puede desempeñar la iluminación en la liberación de los negavatios, especialmente a medida que aumenta la demanda mundial de electricidad y se definen objetivos de cero emisiones netas".
Aunque el grado de apoyo político varía según la región, el impulso es creciente. En Estados Unidos, el gobierno federal —principal consumidor energético del país— afronta el reto de renovar 350.000 edificios públicos, una transformación que podría generar 134 millones de dólares de ahorro para mediados de siglo y reducir las emisiones en cerca de 2 millones de toneladas métricas de CO₂. Ciudades como Washington D.C., Chicago y Seattle ya han iniciado este proceso.
Iluminación LED conectada: base de las ciudades inteligentes
La transición hacia iluminación LED conectada va más allá del ahorro energético. Una iluminación urbana inteligente contribuye a crear calles más seguras, mejorar la calidad del aire y fortalecer la resiliencia de las infraestructuras, aportando beneficios que superan ampliamente la reducción de costes.
Gracias a plataformas basadas en Internet de las Cosas (IoT), los gestores municipales pueden:
Regular automáticamente la iluminación según la hora del día, el tráfico o situaciones específicas.
Atenuar la luz en zonas con baja actividad, reduciendo consumo y contaminación lumínica sin comprometer la seguridad.
Proteger la biodiversidad, preservando la oscuridad nocturna y minimizando el impacto sobre la fauna.
Recoger datos en tiempo real sobre calidad del aire, ruido, temperatura o densidad del tráfico, favoreciendo decisiones más informadas.
Además, los sistemas de gestión centralizada permiten detectar incidencias de forma automática y remota, evitando desplazamientos innecesarios, reduciendo emisiones y mejorando la fiabilidad del servicio.
El camino hacia un futuro urbano más sostenible
Los responsables municipales se enfrentan a un triple reto: presupuestos limitados, compromisos de cero emisiones netas y la necesidad de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. En este contexto, la renovación de la iluminación urbana se posiciona como un primer paso estratégico.
Con cerca del 50% de la infraestructura urbana de 2050 aún por construir, existe una oportunidad única para integrar desde el inicio eficiencia energética y conectividad. Transformar hoy la forma en que se iluminan calles y edificios públicos permitirá avanzar hacia un modelo de ciudad más limpia, inteligente y sostenible, alineado con los retos energéticos y medioambientales del futuro.

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