La fotovoltaica española supera la pandemia

Según datos de Red Eléctrica de España (REE), la generación solar fotovoltaica ha cerrado 2019 con 8,62 GW de potencia instalada, lo que supone aproximadamente el 16% del pastel total de renovables en nuestro país. Ha sido también la tecnología que más ha incrementado su presencia durante el mismo periodo, con un aumento del 93,20% (4,16 GW) respecto al año anterior.

Pero lo más sorprendente es que la práctica totalidad de esta nueva capacidad de generación se instaló en apenas seis meses. Con esta musculatura, los sectores de ingeniería e instalación fotovoltaica se han enfrentado a la pandemia de la Covid-19.

El virus SARS-CoV-2, causante de la pandemia que está asolando el mundo, ha impactado también a lo largo de toda la cadena de valor del sector solar. Desde la fabricación y el desarrollo de proyectos, hasta las operaciones, el mantenimiento y, por supuesto, la instalación. Estos últimos segmentos “han sido el eslabón que más protagonismo ha tenido en esta pandemia” afirma Alejandro Guillén —Asesor Técnico de AEMER (Asociación de Empresas de Mantenimiento de Energías Renovables)—. “A pesar de ser la parte más ‘exigida’ económicamente, se ha convertido en pieza clave para garantizar un suministro eléctrico confiable”, concluye.

Lo cierto es que las infraestructuras solares españolas han demostrado su solidez y eficiencia durante los momentos más críticos de la pandemia. La clave del éxito ha sido la “calidad de los materiales utilizados y el respeto de las normas”, señala José Donoso —director general de UNEF (Unión Española Fotovoltaica). Coincide en esta opinión Jesús Román, secretario general de FENIE (Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones de España), que aconseja seguir potenciando que “la instalación cumpla con los requerimientos en materia de seguridad industrial y que todas las instalaciones fotovoltaicas tengan la obligación de disponer de un certificado de la instalación eléctrica”.

Inmunidad fotovoltaica

Pero la pandemia no ha perdonado a nadie y tampoco al sector fotovoltaico. Es demasiado pronto para evaluar su impacto en la ejecución de nuevos proyectos. Según las fuentes consultadas, parece sin embargo haber cierta unanimidad en que el segmento del autoconsumo ha resultado especialmente perjudicado. También hemos encontrado acuerdo entre los expertos en ligar su recuperación a la del resto de la economía. Esto es lo que opina Jesús Román: “en el momento que los potenciales beneficiarios se recuperen, lo hará la tendencia que estábamos viendo antes de la pandemia, donde la modalidad de suministro a partir de autoconsumo era una realidad”.

Alejandro Guillén matiza que “no todos los jugadores se verán afectados de la misma manera”. Serán los más pequeños los que probablemente necesitarán más ayuda para superar esta crisis y, a corto plazo, augura “una reducción en el segmento del autoconsumo industrial”. Por su parte, José Donoso también considera que en esta área “será difícil ver una rápida reactivación”. La razón es que, muy probablemente, “las pymes decidirán invertir los recursos de los que dispongan en su propio negocio, en lugar de apostar por soluciones de ahorro energético”, apunta el director general de UNEF.

Pero no podemos perder de vista el enorme atractivo de España para el sector fotovoltaico, que sostiene en torno a unos 60.000 empleos directos, indirectos e inducidos, además de contribuir a la reactivación de muchas zonas de la llamada “España vaciada”. Donoso subraya que el sector fotovoltaico “puede convertirse en uno de los motores de la recuperación económica, que ha de venir de la mano de las tecnologías verdes”. Por su parte, Guillén recuerda que “el año pasado ya se pusieron en marcha las primeras grandes plantas de energía solar fuera de los volúmenes asignados para las subastas”.

Además, continúa el representante de AEMER, “esta pandemia ha demostrado que el sector cuenta con personal técnico ampliamente capacitado y comprometido, que ha velado en todo momento por la seguridad laboral y la calidad de los servicios”. En esta línea, Donoso coincide cuando subraya las fortalezas del sector fotovoltaico: “un tejido empresarial sólido, competitivo y de calidad, formado por empresas líderes a nivel mundial en la fabricación de componentes fotovoltaicos, como los inversores y los seguidores solares”.

¿Ponerse las pilas?

Las empresas de instalación e ingenierías, como eslabones críticos de la cadena de valor del sector fotovoltaico, tendrán que enfrentarse cada vez a más desafíos. Por un lado y desde el punto de vista técnico, habrá instalaciones con “nuevas configuraciones y tecnologías mixtas (eólica y fotovoltaica), sistemas de almacenamiento de la energía generada, etc. y, por tanto, se requerirá personal con la máxima cualificación” —advierte Alejandro Guillén. Pero también tendrán que afrontar “las interrupciones logísticas habidas en la cadena de suministro, las incertidumbres sobre la demanda futura de electricidad, los precios del mercado eléctrico, etc.”.

En este contexto, el sector debe continuar siendo decisivo para posibilitar el trabajo de otros profesionales de ‘primera línea’, como los sanitarios, transportistas, proveedores de alimentación, etc. Para conseguirlo y para garantizar la calidad de los servicios ofrecidos, desde UNEF señalan que trabajan para crear un sello de calidad que certifique la profesionalidad de las empresas instaladoras y de sus profesionales. Además —afirma Donoso— “vamos a lanzar cursos de formación dirigidos a profesionales del sector fotovoltaico y a colectivos específicos, como son las mujeres, para fomentar su inclusión en nuestro sector”.

Si bien desde FENIE estiman una disminución puntual de la actividad en torno a un 40% por causa de la pandemia, son muy optimistas con el futuro de la profesión: “Se está apostando por la electrificación de la economía —señala Jesús Román—, por lo que donde haya una instalación eléctrica, habrá necesariamente una empresa instaladora vinculada”. Coincide plenamente Alejandro Guillén: “el futuro es muy prometedor, pero requerirá capacitación continua en la parte técnica, en la prevención de riesgos laborales y nuevos procedimientos de actuación”.

José Donoso se muestra también optimista con respecto al futuro de la profesión. El crecimiento sostenido del autoconsumo vivido últimamente, con un aumento importante de potencia instalada en 2019, es según el director general de UNEF “el resultado de la introducción del nuevo marco normativo liberalizado, que ha eliminado las barreras económicas y administrativas impuestas por la anterior normativa”. En consecuencia —afirma— “con el despliegue del autoconsumo, el instalador eléctrico es y será uno de los perfiles más demandados”.

Manos a la obra

Donde los expertos consultados se muestran más unánimes es en la gran importancia que debe tener la Administración en el desarrollo del sector fotovoltaico en nuestro país. Por ejemplo, desde la Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones de España señalan varias propuestas realizadas ante diferentes estamentos. Una de ellas pide desarrollar una estrategia en la que tenga cabida la generación distribuida, de tal forma que coexistan plantas de todos los tamaños dando protagonismo al autoconsumo. Además, plantean la vuelta a una estructura de peajes de acceso a la red con mayor peso del término de energía, de tal forma que se potencie el ahorro y la eficiencia energética.

Por su parte, la Unión Española Fotovoltaica considera clave dar estabilidad al sector a través de un nuevo modelo de subasta de energías renovables. Esta debería enmarcarse en la transparencia y en una regulación de acceso y conexión exigente, que elimine comportamientos especulativos. Asimismo, entre otras medidas, UNEF plantea la incentivación fiscal temporal del autoconsumo, la amortización acelerada de las instalaciones de autoconsumo industrial, un IVA reducido para los clientes domésticos, la reducción del término fijo de la factura eléctrica, una fiscalidad ambiental que aplique el principio de “quien contamina paga”, así como la revisión del Código Técnico de Edificación para incorporar mayores obligaciones a la instalación de autoconsumo, además de la reforma de la Ley de Propiedad Horizontal para facilitar el autoconsumo colectivo.

Asimismo, desde la Asociación de Empresas de Mantenimiento de Energías Renovables proponen, entre otras iniciativas, impulsar la innovación de ingenierías, instaladoras y mantenedores mediante subvenciones y el uso de fondos estructurales, promover la calidad como criterio clave para la selección de las empresas desde la Administración, además de optimizar los costes de gestión interna en la cadena de valor para evitar la presión de las subastas agresivas.

Un nuevo modelo

Está claro que después de la pandemia ya nada volverá a ser igual. Los cambios están por ver, desde luego, pero las asociaciones profesionales consultadas ya dibujan un panorama sectorial y social muy distinto.

Y no solo en lo económico, donde la iniciativa privada puede conseguir un gran protagonismo. UNEF recuerda que los 20.000 millones de euros en inversiones definidos en el PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030) suponen una gran oportunidad para consolidar el sector industrial fotovoltaico nacional.

Mientras que en FENIE tienen claro que debemos ir hacía “un sistema en el que la ciudadanía y las empresas participen en el modelo de generación eléctrica del país”. Esto se conseguiría, entre otras cosas, a partir de la integración del autoconsumo en la sociedad. Pero no únicamente en la factura, si no también mediante el desarrollo de numerosas instalaciones. Así, “la cercanía entre la instalación y el usuario promoverá una participación activa de los consumidores en el modelo energético”.

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