2020: ¿horribilis o mirabilis?

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Cuando aún no se han terminado de contar víctimas, un balance de los últimos doce meses se antoja sin duda una tarea difícil y engorrosa. No solo porque 2020 será recordado como uno de los peores y más catastróficos años de la historia reciente, sino porque no todo ha sido malo. Muchos han vivido doce meses de trabajo y esperanza en el futuro. Ha sido su annus mirabilis o de los milagros. Pero, ¿hasta qué punto 2020 ha sido benévolo con nuestros sectores? Veamos qué opinan los expertos y si es cierto que hay razones para el optimismo.

Según estudios realizados por CONAIF —Confederación Nacional de Asociaciones de Empresas Instaladoras—, “hasta mediados del mes de mayo de 2020, la actividad había caído un 70%, mientras que la facturación disminuyó también drásticamente entre un 70% y un 100%”. Además, los instaladores sufrieron un fuerte incremento de impagos y de cancelaciones de trabajos contratados antes del confinamiento. Sobre todo “fue especialmente dañino para autónomos y las empresas de menor tamaño”, concluyen desde esta asociación.

Andrés Salcedo, vicepresidente de CNI Instaladores —Confederación Nacional de Instaladores— resume con un símil náutico la situación de estos profesionales durante 2020: “Surfeamos entre la primera ola, la segunda ola, el miedo de los clientes a recibirnos en sus casas, el temporal más duro de las últimas décadas, la falta de suministros de repuestos, el bloqueo de los suministros de combustibles, los confinamientos de algunos empleados de las empresas y, ahora, nos montamos en la tercera ola…”.

Como es sabido, el surf es un deporte individual pero no necesariamente solitario. Sin embargo, esto es lo que detalla el demoledor estudio realizado por Agremia —Asociación de Empresas del Sector de las Instalaciones y la Energía— entre empresas instaladoras de Madrid. Los resultados ponen negro sobre blanco la soledad de los instaladores a la hora de enfrentar la crisis. Como señala su presidente, Emiliano Bernardo: “Las ayudas se agotaron en pocos días, como el Plan Impulsa de la Comunidad de Madrid, o se dirigieron mayoritariamente al cese de actividad de autónomos (CATA)”. En resumen, como empresarios, los instaladores reconocen no haber encontrado el apoyo deseado e, incluso, no consideran los préstamos ICO como una ayuda real, argumentan desde Agremia.

Por su parte, la encuesta sobre morosidad realizada por la Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones de España (Fenie) cifra el sunami causado por la pandemia en 2020 en una caída del 13% de facturación, si bien el hipocentro del maremoto durante el confinamiento cayó hasta las profundidades de un asfixiante 40%.

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Distribución, entre dos aguas

Según apunta Sebastián Molinero, secretario general de ANDIMAC —Asociación Nacional de Distribuidores de Cerámica y Materiales de Construcción— ”2020 tuvo un comportamiento muy irregular, con grandes diferencias entre regiones y modelos de negocio, si bien las caídas medias de actividad pueden situarse en torno al 12%. Esto, a pesar de que en el segmento de reformas muchas regiones tuvieron la actividad parada, y la parte minorista de sus comercios cerrados o con apertura muy limitada durante cerca de dos meses”, concluye.

Esther Estévez, secretaria general de Amascal —Asociación de Mayoristas de Saneamiento, Calefacción, Fontanería, Gas, Aire Acondicionado y Afines—, coincide aproximadamente en esta valoración para el sector FCC (fontanería, calefacción y climatización). No obstante, matiza que se trata de “una media en la que algunos han aumentado notablemente su facturación y otros han caído enormemente, dependiendo de los productos predominantes en la cesta de cada distribuidor y de los problemas de suministro. Así que no es un dato muy representativo” concluye.

Algo más benigno, pero no mucho, parece haber sido 2020 con la distribución en el sector eléctrico. Aunque sí lo suficiente como para que Eduard Sarto, presidente ejecutivo de Adime —Asociación Nacional de Distribuidores de Material Eléctrico— destaque el “elevado grado de adaptación y resiliencia” de las empresas.

Desde el punto de vista de la actividad comercial, la quinta encuesta de ADIME a sus asociados arroja una caída media de las ventas hasta noviembre en torno al 9,5%. Dato este último similar al que la media de los encuestados estimaban el cierre de 2020. Por el contrario, las estadísticas de Electronet e-Commerce muestran que las operaciones de comercio electrónico entre fabricantes y distribuidores mantuvieron el pulso durante las últimas semanas del año, cerrando el ejercicio con un descenso de un 5,06%. Si bien se trata de un dato negativo, es bastante mejor que las previsiones más optimistas al inicio de la pandemia.

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Y ahora, las buenas noticias

El secretario general–gerente de AFME —Asociación de Fabricantes de Material Eléctrico—, dentro de una calculada prudencia dado el inicio “muy complejo e incierto” de 2021, confía en que la segunda mitad del año marque el camino de la recuperación: “Nuestro sector —argumenta Andrés Carasso—, está muy bien posicionado para aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Gran parte de los esfuerzos de transformación de nuestra economía, que vendrán impulsados por los fondos de reconstrucción de la UE, tendrán que ver con la eficiencia energética, la digitalización y el despliegue de las infraestructuras de recarga de vehículos eléctricos, entre otros aspectos vinculados a nuestro sector, y constituyen una oportunidad que sabremos aprovechar”.

Europa, como en el pasado, vuelve a ser el centro de muchas miradas. Para Sebastián Molinero (ANDIMAC), la eficacia en la recuperación de los fondos europeos para la rehabilitación dependerá en buena medida de la agilidad administrativa, el diseño de las políticas de fomento de la rehabilitación y el contexto económico del momento. “En todo caso —avisa— es muy difícil que esta rueda empiece a girar de forma efectiva antes del cuarto trimestre. Por lo tanto, en 2021 no se recuperará la actividad de 2019, ya que tras una caída en torno al 12% esperamos una recuperación de la actividad de un 4% o 5%”.

Un nivel similar de optimismo se desprende de los resultados de la quinta encuesta 2020 de Adime, en la que casi un 35% de las respuestas estima un crecimiento de ventas para 2021 en torno al 10%, mientras que un 40% cree que el crecimiento estará dentro de una horquilla entre el 1% y el 10%. Solo algo más del 16% prevé un crecimiento negativo para este 2021.

Pero si —dentro de lo malo— el coronavirus “impulsó en 2020 la digitalización, la formación a distancia y las operaciones de rehabilitación y reforma”, como bien señala Ana María García Gascó, directora general de CONAIF, ¿qué más hace falta para que 2021 incremente las buenas vibraciones y los niveles de optimismo en nuestras empresas?

Si bien la digitalización permite una mejora sustancial del negocio y facilita el crecimiento, como señala Álvaro Otal, gerente de Anceco —Asociación Nacional de Centrales de Compra y Servicios— ”en muchas pymes representa un cambio cultural y un proceso de aceptación del cambio muy importantes y, en algunos casos, hasta doloroso. Una vez más, el apoyo de la central de compras resulta imprescindible”.

Es decir, 2021 necesitará más que nunca la unidad de la distribución, pero también otras cosas como las que seguramente de forma acertada enumera Andrés Salcedo (CNI Instaladores): la creación del registro de instalaciones existentes; la actualización del registro de empresas habilitadas y de técnicos de seguridad industrial; así como la unificación de los procedimientos de homologación tanto de las entidades como de los procedimientos de inspección de las instalaciones de seguridad industrial en todas las comunidades y ciudades autónomas. En definitiva, la participación de las Administraciones con un esfuerzo normativo que estas llevan postergando largamente.

Es mucho el trabajo por hacer, pero eso no ha sido nunca motivo de preocupación entre los profesionaels de nuestros sectores. Salcedo recuerda una cita atribuida a Albert Einstein que es de aplicación en el contexto actual: “Hay una fuerza motriz mas poderosa que el vapor, la electricidad o la energía atómica: la voluntad”.

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